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Inclusión de la mujer: Por si las razones de justicia no fueran suficientes. Por Oscar Espinosa Villarreal

Mi amigo Memo ha tenido a bien comentar mi columna anterior, señalando que podría ser muy cuestionable intentar una mayor participación de la mujer en la generación de riqueza “por decreto”. Me advierte acerca del peligro de profundizar en la discriminación al diseñar políticas públicas “con dedicatoria”. Le he dicho que me parece que, en buena medida, la mujer se encuentra en una situación desventajosa, precisamente por políticas que intencionadamente la han discriminado o marginado. Y también le he pedido que lea esta colaboración para que vea si, aunque fuera por razones económicas, debiéramos repensar lo que hacemos o dejamos de hacer por la mujer como sociedad.
En la columna anterior presenté las dimensiones de la brecha de género. A largo plazo, aumentar la tasa de empleo femenino hasta el 80%, podría aumentar el PIB en 6 mil millones de dólares entre países de la OCDE. Asimismo, cerrar por completo la brecha salarial de género mejoraría las ganancias totales de las mujeres en 2 billones de dólares en toda la OCDE. Para México, pasar de 47% a 80% significaría un aumento del PIB de 28% según Pricewaterhouse Coopers. Sin embargo, al ritmo actual de progreso, tomaría casi un siglo para cerrar dicha brecha salarial.
Un estudio de la OCDE, Construir un México inclusivo: políticas y buena gobernanza para la igualdad de género, recalca que, como bien mencionamos en la columna pasada, si bien los logros de educación de las mujeres son equiparables a los de los hombres, éstas son el recurso más subestimado de México. Por poner algunos ejemplos, sólo el 47% de las mujeres en edad productiva trabajan, y de éstas, casi el 60% se encuentran laborando en el sector informal sin acceso a protección social y con un salario castigado. Así mismo, el número de mujeres que no cuentan con una educación, capacitación o empleo, es cuatro veces mayor que la de los hombres. Las estimaciones del organismo señalan que esta brecha de género en la participación laboral le está costando a México 0.2 puntos de crecimiento en el PIB per cápita, es decir 1,000 dólares per cápita para 2040. La gran pregunta para generar políticas de desarrollo y cerrar la brecha, es ¿por qué se da este efecto?
Un estudio de ONU Mujeres recopila algunas de las razones que explican las pérdidas económicas de la brecha de género. Por un lado, es sabido ya que la exclusión de las mujeres del mercado laboral supone privar a la economía de talento, pero por otro lado también supone desperdiciar años de inversión en educación en mujeres y niñas que podrían traducirse en crecimiento económico. Así mismo, presenta cifras que muestran que un año de educación más para las mujeres se traduce en la disminución de la mortalidad infantil en 9.5%. En relación a la educación, la OCDE en su estudio Gender Equality in Education, Employment and Entrepreneurship menciona que se han logrado comprobar las ganancias derivadas de una mayor inversión en educación: un mayor nivel educativo explica el 50% del crecimiento económico de los países de la OCDE durante los últimos 50 años. Sin embargo, este no es el caso de las mujeres y este crecimiento se podría potenciar si los logros educativos de éstas se tradujeran en mejores resultados en el mercado laboral. 
No sólo no se han logrado transferir los beneficios de la equidad de género, sino que también hay consecuencias de la discriminación de género para las mujeres y sus familias. ONU Mujeres señala que es más probable que las mujeres entren a trabajos no remunerados; tengan más probabilidades de dedicarse a actividades menos productivas, y a trabajar en el sector informal y con menor movilidad hacia el sector formal que los hombres. Todo esto en detrimento del desarrollo económico de hogares enteros. Si las mujeres pudieran integrarse de mejor manera al mercado laboral y cerrar la brecha salarial, podrían aumentar sus ingresos hasta un 76%, lo que se calcula tiene un valor global de 17 billones de dólares, según el reporte Close the Gap! The cost of inequality in women’s work.
El Informe sobre el Desarrollo Mundial: Igualdad de Género y Desarrollo del Banco Mundial presenta cifras que demuestran que, si las mujeres controlan una mayor proporción del ingreso de los hogares, los patrones de gasto mejoran en beneficio de los hijos e hijas. Asimismo, se ha comprobado que una mayor participación de las mujeres en los puestos de liderazgo lleva a aumentar la eficacia organizacional. Un estudio de McKinsey titulado Women Matter estimó que las compañías donde tres o más mujeres llevan a cabo funciones ejecutivas de alto nivel tienen un desempeño más alto en la organización.
En el caso de nuestro país, la tarea aun es enorme y debemos exigir que los candidatos incluyan prioritariamente este tema. Al respecto, creo que la agenda sugerida por la OCDE representa una buena propuesta para comenzar: garantizar que niños y niñas tengan igual acceso a educación de alta calidad; mejorar el apoyo para conciliar el trabajo con la vida familiar; promover la participación compartida en las responsabilidades laborales y familiares; reducir la violencia contra las mujeres; mejorar el acceso de las mujeres al empleo formal y a la seguridad social relacionada con el empleo; eliminar las desigualdades de género en los centros de trabajo privados y públicos; promover la igualdad de género en la toma de decisiones públicas; permitir que todos los actores del Estado apliquen la perspectiva de género a la toma de decisiones y a la elaboración de presupuestos; fortalecer las unidades de género para transformarlas en ramas de política estratégica, y darles atribuciones para formular, implementar y evaluar las políticas desde una perspectiva de género.
Si los afanes de justicia no son suficientes, a lo mejor la conveniencia económica nos motiva más.

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