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CAMALEÓNNota de infamia. Por Alfredo Bielma Villanueva

En la naciente Grecia como centro cultural, comercial y político, y del gran poderío militar espartano se instituyó la denominada Nota de Infamia, un procedimiento socio cultural por el cual se señalaba públicamente al individuo que cometiera traición a la patria, o actuara en contra de los lineamientos éticos instituidos por la sociedad de su tiempo. Fue aplicado y aplaudido durante las guerras médicas (Grecia Vs los Medos) pues no pocos pobladores del territorio dominado por Grecia habían colaborado con el invasor persa, y otros más cometieron corruptelas.
Esa Nota de Infamia debiera aplicarse drásticamente a los acusados de corrupción, revertir la inveterada conducta de nuestros llamados “servidores públicos”, que aprovechando la oportunidad de servir a la comunidad olvidan esa misión para enriquecerse a costa del recurso público. Si se formalizara ese castigo social, complementario a la pena judicial o al margen de esta como suele suceder por aquello de la impunidad, pocos políticos se atreverían a defraudar la confianza pública.
Cuando el tiempo escarba en la hojarasca de los acontecimientos, los sucesos de impacto social, económicos o políticos son esclarecidos y se entienden mejor en lontananza; cuando en la trama intervienen escenarios y actores relevantes, al levantarse el telón se deja al descubierto interesantes testimonios. Tal ocurre en el caso de Odebrecht, la empresa brasileña cuyos corruptivos cabildeos son objeto de una investigación que ha cimbrado gobiernos nacionales y estatales.
Lamentablemente, la Procuraduría General de la República ha puesto un sello de confidencialidad a este espinoso asunto, una auténtica Razón de Estado habrá de ser la causa; pero cuando llegue el momento de remover la capa de complicidades, sin duda alguna los nombres de dos gobernadores veracruzanos estarán presentes. Botón de muestra es la solicitud de Duarte de Ochoa al Congreso en septiembre de 2015 para utilizar participaciones federales, presentes y futuras y así garantizar el pago de un inédito proyecto de “Autoabastecimiento de Energía Eléctrica en la entidad”; se habló de 7 mil 500 millones de pesos para una empresa brasileña ligada a Odebrecht. Los antecedentes señalan hacia aquella asociación del gobierno del estado para integrar la “empresa de propósitos múltiples” que incluía la construcción de una presa en Jalcomulco y el abasto de agua a Xalapa.
Esos eran los tiempos en los que Duarte movía a su antojo los hilos del presupuesto estatal, en el más claridoso y arbitrario caso de patrimonialismo político, contando con la sumisa obsecuencia del Congreso local. Ese es el personaje que ahora actúa en una “huelga de hambre”, el mismo que intenta “defender” a sus ex colaboradores contra una “cacería de brujas” bajo “acusaciones torpes”. ¿Qué hacer para evitar este tipo de personajes en nuestra vida pública?
Ya está vigente en nuestro país el Sistema Nacional Anticorrupción, y contamos con un marco normativo que se ha venido perfeccionando para evitar la impunidad; pero no ha sido suficiente y para lograr su cabal implementación se requiere de la sinergia social en congruencia con instituciones y leyes. Ha habido reacciones intermitentes en ese sentido: recién concluyó José López Portillo su accidentada gestión de gobierno sufrió un duro castigo de la opinión pública, al grado que su familia emigró temporalmente. Copio uno de mis artículos de 2015:
“El sastre Roberto Espínola diseñó un traje anticorrupción, al que denominó “Traje Ibáñez”, en alusión al diputado José María Ibáñez, acusado de cobrar dinero público a través de sus empleados (lo que en México es lugar común). Dice Espínola que el traje lo bosquejó sin bolsillos en protesta contra la corrupción que hay en el servicio público de su país, porque ya está cansado de que los corruptos se burlen de los ciudadanos. Por otro lado, como el cuento aquel de los ladridos se dice que, semejante a una auténtica muerte civil bochornosa, cuando José María Ibáñez acude a un restaurante los allí presentes comienzan a gritar en coro: “¡Que se vaya, que se vaya”! con el sorprendente resultado de que Ibáñez se ha visto obligado a retirarse del lugar. La indumentaria imaginada por el sastre Ibáñez ha tenido tal éxito que muchos jóvenes de aquel país han formulado pedidos para vestirlo como una señal de protesta ciudadana contra la corrupción. La consecuencia: el diputado Ibáñez ha pedido un permiso para ausentarse del cargo por 50 días, sin goce de sueldo, Para evitar lo que sucede a Ibáñez, este caso, que no es cuento porque lo viven en la realidad Paraguaya, debiera ser fijado como paradigma a seguir en nuestra sociedad, sólo que, hecho en México; el Traje Ibáñez pudiera ser una utopía, pero se vale soñar”. ¿Por qué no diseñar el Traje Duarte?
19- agosto-2017.
alfredobielmav@hotmail.com

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